«Pablo (…) les habría instruido (…) con sus más profundas concepciones; y la Epístola por sí misma está llena de sublimes pensamientos y doctrinas»
Crisóstomo, 1889, párr. 4, traducción propia
Sola Scriptura, Sola Fide, Sola Gratia, Solus Christus y Soli Deo Gloria son las cinco “solas” que constituyen el fundamento doctrinal del protestantismo. Es común ver en ámbitos académicos y, más recientemente, en las redes sociales, debates y exposiciones sobre la presencia de estos principios en las fuentes más antiguas del cristianismo histórico, como las homilías y los tratados de los padres de la Iglesia. Su objetivo es desmontar la idea de que la Reforma protestante inventó su base teológica desde el vacío. Por ello, con el fin de reforzar la postura protestante, es importante recurrir también a las Sagradas Escrituras, el primer texto del cristianismo, y comprobar que estas cinco solas derivan de allí.
Debido a su riqueza y profundidad doctrinal, la Epístola a los Efesios es un punto de partida conveniente para este ejercicio. Esta carta, destinada a la comunidad cristiana en Éfeso, fue escrita cerca del año 62 d. C. por el apóstol Pablo desde Roma. Cuenta con seis capítulos, de los cuales los tres primeros son singular y fuertemente teológicos, mientras que los tres restantes tienden más a la vida práctica de los creyentes (MacArthur, 2015, p. 1652).
Desde otro ámbito histórico, las cinco solas fueron acuñadas a partir del intento de reformar la Iglesia católica romana durante el siglo XVI y pretenden ser un resumen de la enseñanza de la Escritura recuperada mediante el método ad fontes o “de vuelta a las fuentes” (Williams, 2017, p. 14). Cada una de estas expresiones en latín encierra un profundo significado doctrinal. Sola Scriptura (Solo la Escritura) significa que la Biblia es la máxima autoridad para la Iglesia y la única infalible, suficiente en todo asunto de fe y práctica. Sola Fide (Solo por la Fe) expresa que el único medio por el cual las personas pueden ser justificadas delante de Dios a pesar de sus pecados es la confianza plena en la obra salvífica de Cristo que se presenta en el Evangelio. Sola Gratia (Solo por Gracia) refiere a que la salvación de los pecadores es un favor inmerecido de Dios y no el resultado de sus méritos u obras. Solus Christus (Solo Cristo) afirma que Jesucristo es la única persona que puede mediar entre Dios y los seres humanos, reconciliarlos con Él y darles vida eterna. Y finalmente, Soli Deo Gloria (Solo a Dios la Gloria) declara que la obra de la salvación tiene por fin último exaltar la grandeza inmensurable del Trino Dios.
Teniendo en cuenta todo lo anterior, vale la pena preguntarse ¿De qué forma las cinco solas de la Reforma protestante están contenidas en la Epístola del apóstol Pablo a los Efesios? A lo largo del capítulo 1 de Efesios, Soli Deo Gloria y Solus Christus surgen con claridad en relación con la doctrina de la elección; asimismo, Sola Gratia y Sola Fide, son presentadas explícita y estrechamente unidas en el capítulo 2; además, Sola Scriptura se puede deducir del capítulo 3 de la epístola, si bien su aplicación normativa depende ampliamente de un debate posterior al contexto inmediato de Pablo.

I. DE LA ABSOLUTA MAJESTAD DE DIOS Y LA EXCLUSIVIDAD DE SU CRISTO
El primer capítulo de Efesios enseña que Dios ha escogido a los creyentes solo para su gloria y cómo solo en Cristo ellos han sido reunidos.
IA. EL DIOS ESCOGE PARA SU GLORIA
Las palabras de Pablo sobre la autoría y el propósito de la elección de los creyentes conducen a la declaración Soli Deo Gloria. Luego de su salutación inicial, Pablo comienza bendiciendo al “Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” por bendecir a los creyentes “con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (1:3). Al exaltar a Dios como la fuente suprema de todo favor espiritual, el apóstol establece la noción de que el crédito por la salvación le corresponde enteramente al Señor.
Pablo afirma que a los creyentes Dios los “escogió en él antes de la fundación del mundo” (1:4) y esto “según el puro afecto de su voluntad” (1:5). El propósito de esta acción soberana es declarado por Pablo de forma automática: “para alabanza de la gloria de su gracia” (1:6). Nuevamente, dice que Dios decide elegir y redimir a los creyentes por ningún otro motivo que el de mostrar “las riquezas de su gracia” (1:7) y que así su pueblo sea “para alabanza de su gloria” (1:12). Sobre esta última expresión, Juan Calvino comenta que Pablo “menciona la causa final de la salvación; porque al final debemos llegar a ser ejemplos de la gloria de Dios, si no somos más que vasos de su misericordia” (s. f., párr. 41, traducción propia).
En los versículos 13 y 14, el Espíritu Santo es el sello que Dios pone en los creyentes a fin de garantizar su redención, otra vez, “para alabanza de su gloria”. Al final, toda la salvación recae en el propósito y eficacia de Aquel que es llamado “el Padre de gloria” (1:17). Una vez establecido el propósito glorioso de Dios Padre, vale la pena ver cómo su Hijo, que comparte su gloria, ocupa un lugar exclusivo en este plan.
IB. EL CRISTO QUE ENCABEZA TODAS LAS COSAS
Al presentar a Cristo como el mediador eficaz de la predestinación y el actor singular de la redención, Pablo afirma Solus Christus. De vuelta al 1:3-4, la acción de Dios el Padre de otorgar “toda bendición espiritual” a los creyentes es realizada en Cristo, y esto porque es en Cristo en quien ellos fueron escogidos. A él fueron hechas las promesas dadas a Abraham de bendecir a las naciones y producir un linaje innumerable mediante la fe (Gálatas 3:6-18). Él es el Buen Pastor que da su vida por aquellas ovejas que el Padre le dio para que reciban vida eterna (Juan 10:11-16, 27-29). La idea vuelve en el versículo siguiente, pues lo creyentes fueron predestinados por el Padre “para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo”. Al respecto, Juan 1:12 dice que “a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Es este Jesús el que “no se avergüenza de llamarlos hermanos” cuando los lleva con su Padre (Hebreos 2:11).
Hay una sola esperanza para el cristiano: saber que fue hecho acepto “en el Amado” (1:6), en quien tiene “redención por su sangre” y “perdón de pecados” (1:7). En Colosenses 1:12-14 aparece la misma idea: Dios Padre hizo aptos a los creyentes “para participar de la herencia de los santos en luz” trasladándolos “al reino de su amado Hijo”.
Finalmente, se lee en 1:10 que el propósito de Dios es “reunir todas las cosas en Cristo (…) así las que están en los cielos como las que están en la tierra”. En la unión de la Trinidad, la historia de la redención de toda la Creación, que fue dañada por el pecado, comienza y concluye con Dios el Hijo. Calvino (s. f.) comenta:
«Fuera de Cristo todas las cosas estaban desordenadas, y a través de Él han sido restauradas al orden (…). Al reunir a ambos [hombres y ángeles] en su propio cuerpo, Cristo los ha unido a Dios el Padre, y establecido una armonía real entre el cielo y la tierra»
Juan Calvino, párr. 35-37, traducción propia
Este primer capítulo de Efesios establece el quién de la obra de salvación, de modo que el capítulo siguiente presentará el qué de la misma.
II. DEL VALOR Y EL CANAL DE LA SALVACIÓN
El capítulo 2 de Efesios explica que el creyente es salvado solo por gracia por medio de la fe sola.
IIA. POR GRACIA
La explicación de Pablo sobre la motivación y acción de Dios al salvar a los creyentes se resume en la expresión Sola Gratia. Luego de presentar la condición espiritual de los creyentes antes de ser salvados como una de muerte en “delitos y pecados”, de ser “hijos de desobediencia” e “hijos de ira” por naturaleza (2:1-3), el apóstol pone el foco en Dios afirmando que es “rico en misericordia” y que “por su gran amor” les dio vida junto con Cristo (2:5). Este contraste entre la culpabilidad e incapacidad moral humana y el favor deliberado de Dios deriva en la expresión consiguiente “por gracia sois salvos”. Lo que queda manifiesto en la salvación no es la virtuosidad del ser humano ni la suficiencia de sus méritos ante Dios, sino las “abundantes riquezas” de la gracia divina (2:6).
Al final, la salvación entera es “don de Dios”, “no por obras” que puedan ganarla y permitir a nadie darse crédito por ella (2:8-9). El versículo 10, que afirma que los creyentes han sido “creados en Cristo Jesús para buenas obras”, haya una buena explicación en las palabras de Agustín de Hipona: “las buenas obras que llevan a la vida eterna también son también parte de la gracia de Dios (…). Tanto la vida buena como la vida eterna son don gratuito de Dios” (De gratia et libero arbitrio, 8.20, como se citó en De Rus, 2024). La gracia por sí sola salva al ser humano, pero no sin un único medio para recibirla: la fe.
IIB. POR MEDIO DE LA FE
La singularidad de la fe como causa instrumental de la salvación que Pablo presenta confirma la Sola Fide. El versículo fundamental es Efesios 2:8. Allí, inmediatamente después de “por gracia sois salvos”, aparece la expresión “por medio de la fe”. La fe aparece unida a la gracia y en contraposición a las obras mencionadas en el versículo 9. Mientras que las acciones humanas no bastan para liberar al ser humano de la culpa de sus pecados, la fe en la obra redentora de Cristo le hace receptor de la gracia salvífica.
Aunque Efesios 2:8-9 no menciona la justificación, concepto que aparece en Romanos 3:20-31 y fue tan importante para Lutero, la exclusión de las obras como causa de la salvación destruye la idea de que algún intento de obedecer la ley de Moisés sirva para ser declarado justo delante Dios. Es así como la fe queda como el único medio para ser justificado. Si la Biblia es la única Palabra infalible de Dios, esta doctrina es más que suficiente para todo cristiano.
3. LA SOLA SCRIPTURA… A SOLAS
Si bien Efesios 3 permite inferir el principio de que la Escritura es doctrinalmente suficiente, su papel autoritativo en el contexto inmediato de la redacción de la carta tiene matices que contrastan con el contexto de la Reforma protestante.
IIIA. EL MISTERIO PAULINO Y SU TRANSMISIÓN
Pablo afirma que su carta es suficiente para que los creyentes entiendan el misterio de la coheredad de los gentiles que le fue revelado. En los versículos 3-4 del capítulo 3, hablando de aquello que le fue declarado de parte de Dios, dice “antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo”. Es decir, los dos primeros capítulos de Efesios permiten entender al lector exactamente qué es lo que le fue revelado a Pablo: “que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio” (3:6).
Este misterio que Cristo ha “revelado a sus santos apóstoles y profetas por medio del Espíritu” (3:5) se encuentra por completo en la misma epístola. El apóstol no menciona una autoridad humana externa e infalible a la que acudir para tener el conocimiento completo. No pide consultar a la cátedra de Santiago en Jerusalén, ni a la de Pedro en Antioquía. Por el contrario, basta con leer lo que él ha escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo para entender la verdad divina. Al respecto de este pasaje, John Stott (2020) afirma “en el cristianismo no hay ‘misterios’ esotéricos reservados para una élite espiritual. Por el contrario, los ‘misterios’ cristianos son verdades que (…) han sido reveladas por Dios y ahora pertenecen abiertamente a toda la Iglesia” (p. 85, traducción propia). La Escritura, por tanto, es suficiente en este asunto de fe. Con todo, vale la pena evaluar su papel como autoridad.
IIIB. DEL SIGLO I AL SIGLO XVI
La naturaleza singular de la Iglesia del Nuevo Testamento nos permite ver el germen de la Sola Scriptura, pero dentro de un paradigma eclesial distinto al que se configuró en la Reforma protestante. Los cristianos del siglo I contaban con la presencia de los apóstoles vivos, los cuales interpretaban el Antiguo Testamento a la luz del mensaje del Evangelio, transmitían las enseñanzas de Jesús y daban orientación doctrinal a los creyentes. La revelación se daba de forma progresiva, de forma que por las distintas comunidades circulaba un cuerpo consistente de enseñanzas orales las cuales fueron siendo preservadas y fijadas en los escritos inspirados del Nuevo Testamento. Es por esta razón que en 2 Tesalonicenses 2:15 se lee “hermanos, (…) retened la doctrina que habéis aprendido ya sea por palabra, o por carta nuestra”, lo que describe esa etapa del período apostólico en la que la revelación todavía estaba siendo comunicada tanto oralmente como por escrito. Con todo, ya existía una apelación explícita a la suficiencia de la Escritura inspirada, como se enuncia en 2 Timoteo 3:16-17.
La Reforma protestante se desencadenó 15 siglos después de la muerte de los apóstoles, con todos los libros neotestamentarios ya escritos, y en oposición a un catolicismo romano que se atribuía la preservación de una tradición apostólica infalible y externa a las Escrituras. Los reformadores respondieron a los argumentos pro-papales declarando que la Biblia era la única norma infalible de fe y práctica para la Iglesia. Por ello, aunque Pablo no formuló en Efesios ni en sus otras cartas la Sola Scriptura con la misma claridad con que aparecen las otras cuatro solas, es evidente que solo los escritos divinamente inspirados como los suyos poseen en la actualidad la autoridad normativa de la enseñanza apostólica.
CONCLUSIÓN
En medio de las enseñanzas y discusiones sobre el lugar que ocupan las cinco solas en las fuentes originales del cristianismo, la presencia de estas máximas en un libro inspirado tan completo teológicamente como la Epístola a los Efesios constituye una búsqueda de interés. Esta aplicación del método ad fontes emula el trabajo de los reformadores, quienes trabajaron para recuperar la pureza del Evangelio de Cristo que Pablo predicó.
La gloria divina en la predestinación, la mediación singular de Jesucristo, el favor inmerecido de Dios dado mediante la fe, y la transmisión del misterio de Pablo para toda la Iglesia son verdades bíblicas que deben motivar a todo creyente a contemplar su propia salvación y alabar a su Autor, el Dios Trino. La Reforma no inventó nada nuevo, sino que declaró lo que la Biblia ya enseñaba: que el cristiano es salvo por sola gracia, mediante la fe sola en la obra de Cristo solo, para la sola gloria de Dios, lo cual sabemos por la sola Escritura.
FUENTES
Calvino, J. (s. f.). Ephesians 1. Calvin’s commentary on the Bible. [Efesios 1. Comentario de Calvino sobre la Biblia.] StudyLight. https://www.studylight.org/commentaries/eng/cal/ephesians-1.html
Crisóstomo, J. (1889). Homily on Ephesians [Homilía sobre Efesios]. New Advent. https://www.newadvent.org/fathers/230100.htm?utm
De Rus, J. Ma. (Ed.). (2024). Biblia de Estudio Patrística. Editorial CLIE.
MacArthur, J. (2015). Biblia de Estudio MacArthur. Grupo Nelson.
Stott, J. R. W. (2020). The Message of the Efessians. [El mensaje de los Efesios] https://books.google.com.co/books?id=Vj7-DwAAQBAJ&printsec=frontcover&hl=es#v=onepage&q&f=true
Williams, G. J. The Five Solas of the Reformation: Then and Now [Las cinco solas de la Reforma: entonces y ahora]. Unio Cum Christo 3(1). https://doi.org/10.35285/ucc3.1.2017.art1
