Esta confesión expresa la fe cristiana que confieso personalmente y que da fundamento al contenido de este espacio.

No pretende sustituir a las Escrituras ni erigirse como autoridad superior a ellas, sino declarar con claridad aquello que creo y defiendo.

Creo en un solo Dios verdadero, eterno, autosuficiente y soberano, creador de todas las cosas visibles e invisibles.

Dios existe por Sí mismo y es la fuente última de toda verdad, justicia y realidad.

Creo que el único Dios existe eternamente en tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Un solo Dios en esencia, iguales en sustancia divina, distintos en persona, tal como es revelado en las Escrituras.

Creo que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, el Hijo eterno de Dios hecho carne.

Creo en Su nacimiento virginal, Su vida sin pecado, Su muerte expiatoria en la cruz, Su resurrección corporal al tercer día y Su exaltación a la diestra del Padre.

Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres y el único nombre sobre todo nombre dado bajo el cielo para salvación.

Creo en la salvación por gracia, por medio de la fe, no por obras, méritos, rituales ni mediaciones humanas.

El ser humano es justificado únicamente por la obra redentora de Cristo, aplicada por el Espíritu Santo, para la gloria de Dios.

Creo en la justificación forense del hombre gracias a la persona de Jesús, el Hijo de Dios.

Creo que las Santas Escrituras son la Palabra inspirada de Dios, verdaderas, suficientes y autoritativas en todo lo que enseñan.

La Biblia es la norma suprema e infalible de fe y conducta, por encima de tradiciones, concilios, líderes o desarrollos teológicos posteriores.

Creo en que la Iglesia es una, santa, católica y apostólica, y que conforma el Cuerpo de Cristo, formada por todos los creyentes regenerados por la fe en Él.

La Iglesia está llamada a vivir en santidad, unidad y fidelidad a la Palabra, reconociendo que ninguna institución humana es infalible.

Creo que el bautismo y la cena del Señor fueron instituidos por Cristo como signos visibles del evangelio, actos de obediencia y edificación para los creyentes.

Creo que no confieren salvación automática a través de ellos, sino que señalan y proclaman la obra ya consumada de Cristo.

Creo que defender la fe cristiana es un acto de amor a la verdad y al prójimo, no un ejercicio de orgullo intelectual.

La apologética debe realizarse con claridad, firmeza y respeto, buscando edificar, no humillar. Para dar razón de la fe, no ganar disputas.

Declaración final

Confieso esta fe consciente de mis limitaciones y errores humanos.

Totalmente dependiente de la gracia de Dios y Su misericordia.

No sigo a hombres ni sistemas como autoridad final.

Sigo a Cristo Jesús, escucho Su Palabra y descanso en Su verdad.